cuchufleta - mami

Paciencia: El pan que trajo mi hijo bajo el brazo

Definición de paciencia : actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algo bien. Es un rasgo de personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse.

Definición que especifica claramente mi papel de madre frente a esos actos rebeldes a los que Churreta me somete. Ahora bien, eso de que tengo la virtud de saber sufrir sin lamentarme… pues oye yo no, me quejo muchas veces, unas más que otras, pero es que vamos, me sorprendería si una madre me dice que nunca jamás se ha quejado de alguna de las acciones de sus hijos.

Como bien dice el título de mi post, Paciencia: el pan que trajo mi hijo bajo el brazo,  real como la vida misma. Yo carecía por completo de paciencia antes de ser madre y de hecho voy justa de ella en la mayoría de facetas de mi vida, aunque si es cierto que con la edad he ido adquiriendo un poquito más de la que tenía para según qué cosas.

El caso es que desde que fui madre empecé a soportar, tolerar y ver normales, cosas que antes me desesperaban especialmente y no soportaba, además mis amigas, sobretodo las que han sido madres antes que yo y las que han compartido horas de trabajo conmigo  pueden dar fe. Y esto lo digo porque era de las típicas que me ponía de los nervios y tenía cero paciencia cuando veía un niño/a gritar, correr, saltar, tocarlo todo, llorar hasta caer rendido, pegarse a su madre cual lapa sin apenas dejarla hablar ,etc. 

Pues bien, mis dosis de paciencia se hicieron evidentes desde el principio, y creo que no soy la única que la desarrolla, si no la tenía antes, durante las primeras semanas como madre, aunque no todas podamos llevarlo sin quejas… 

Por motivos de intolerancias de Churreta, como os comenté en este post, en sus primeros meses de vida, tuve que tenerlo muchísimo en brazos para merecerlo, clamarlo y pasarme horas piso arriba piso abajo hasta que cayese rendido. 

Fue creciendo y la verdad es que, por suerte, pudimos dar con el problema que le causaba su malestar y fueron cediendo estos cuadros. Pero poco a poco aparecieron otros motivos sobre los cuales hacer uso de ese regalo que me trajo la maternidad, la paciencia, esa que tenemos todas las madres.

Paciencia, cuando empiezan a tirarlo todo al suelo sin parar.

Paciencia, cuando deciden escupir la comida y restregarla por todas partes, aunque en este sentido debo decir que han sido contaras las veces que lo ha hecho Churreta.

Paciencia, cuando pasan una noche tras otra malitos, en las que estamos prácticamente sin dormir y dando paseos a su habitación porque ni tu cama le parece buena opción de descanso.

Paciencia, cuando le pedimos que recoja un juguete porque vamos a salir a la calle, y al darte cuenta te han puesto el comedor cual rastro de juguetes.

Paciencia, cuando deciden que cambiarles el pañal y vestirlos es el juego perfecto para poner en práctica su arte para el escapismo.

Paciencia, cuando le pides que no toque nada en una tienda y cuando aún no has acabado la frase ya tiene algo en la mano.

Paciencia, cuando estás en el baño intentando hacer tus necesidades y decide que tus piernas son una mesa para sus juguetes.

Paciencia, cuando intentamos ducharnos con ellos en el baño abriendo una y mil veces la cortina.

Paciencia, cuando nos llaman mama una y mil veces para después no querer nada.

Paciencia, cuando estamos cocinando y todo su afán es que los cojamos en brazos.

Paciencia, cuando lloran sin parar aunque los tengamos en brazos y no hay manera de calmarlos. Aquí creo que es una mezcla de paciencia y desesperación por no encontrar la causa de su llanto.

Paciencia, cuando se convierten en boxeador de lucha si decides meterlo en el carro.

Paciencia, cuando chillan y corren como poseídos para evitar que les pongas la chaqueta.

Paciencia, cuando tienen el día cruzado, deciden pedirlo todo llorando y todo les parece un drama.

Paciencia, cuando tenemos que cortar esas 20 uñas haciendo todos los malabares, canciones, bailes e idioteces posibles para mantenerlos entretenidos.

Paciencia, cuando le has repetido hasta la saciedad que no haga algo concreto y él, no hay día que no haga y a ser posible en repetidas ocasiones.

Paciencia, cuando…

Podría hacer una lista sin fin de todas esas veces en las que nuestra paciencia entra en acción, que con esto no quiero decir que no me guste la maternidad, pero una cosa no quita la otra y para una persona impaciente como yo, reconozco que Churreta me trajo un regalo maravilloso al nacer, a parte de su llegada, claro está. 

¿Quien no se ha sentido identificada con alguna de estas frases?

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12 comentarios sobre “Paciencia: El pan que trajo mi hijo bajo el brazo

  1. Pues sí, me he sentido identificada en bastantes cosas. Aunque debo confesar que desde que entramos en la adoslescencia mi paciencia va disminuyendo. Estoy en proceso de hacer algo para recuperarla… Cuanto tiempo tiene ahora Churreta? Ya no me acuerdo…

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